Cuando hablo de emprender me refiero a invertir tiempo y capital en una idea o proyecto con el cual esperas solucionar problemas a algunas personas y con ello ganar dinero. Resumiendo mucho (muchísimo), creo que estas son dos habilidades que debe tener un emprendedor.
La primera es soñar. ¿Se puede emprender sin soñar? Desde luego, aunque si no has soñado cómo solucionas el problema de esas personas, es más difícil que lo consigas. Me explico: cuando hablo de soñar me refiero a imaginar el momento en que estás solucionando ese problema.
Imagina el instante en que tu cliente se acuesta en ese colchón que acabas de crear y descansa toda la noche, levantándos sin dolor a la mañana siguiente; o ese otro cliente que prepara la comida de sus pequeños con alimentos naturales producidos en tu huerta; o el grupo de excursionistas que están usando la aplicación móvil que has creado mientras pasean por las calles de Otos o Carrícola.
Si lo has soñado, es mucho más fácil alcanzar tu objetivo. Solo debes conseguir un cliente, ese con el que has soñado. Alguien que use tu producto y pague por él lo que vale. Aprende de las opiniones que te hagan llegar tus clientes y sigue soñando. No esperes a tener el mejor producto posible. Si no te avergüenzas un poco cuando presentas tu producto por primera vez, es que lo estás mostrando demasiado tarde.
Sueña e intenta cumplir ese sueño cuanto antes.
La segunda habilidad es planificar. ¿Se puede emprender sin hacer planes? Pues claro que si, sin embargo sin un plan establecido te resultará más complicado obtener rentabilidad. Y uno de nuestros objetivos es ganarnos la vida con nuestro proyecto. Como decía Ale Navarro hace unos días, quien no sabe a donde va, poco le importa el camino. Queremos que ese cliente, en el que hemos soñado, que tiene un problema, pruebe nuestro producto.
Un ejemplo de planificación sería el siguiente: queremos que ese cliente, con el que hemos soñado, y que tiene un problema, pruebe nuestro producto dentro de seis meses, y quede satisfecho. Para ello necesitamos hacerlo viable en cinco meses y comenzar a crearlo en tres. Por tanto, esta estrategia requerirá que preparemos la infraestructura (el ordenador, huerto o maquinaria) en menos de cuatro semanas.
Con ese plan en mente, y el cliente en nuestros sueños, solo necesitaremos centrar nuestra atención en construir lo que el cliente precisa lo antes posible para hacer realidad nuestro objetivo.
Esta es una interpretación libre de la filosofía Lean Startup, y un ejemplo que solemos usar cuando hacemos consultoría de negocios en internet con nuestros clientes.
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