Los contenidos que ofrecemos al mundo a través de Internet no solo tienen que aportar un valor de calidad al destinatario al que van dirigidos. También debe cuidarse la forma del texto. De nada sirve compartir con el mundo el secreto de la Eterna Juventud si nadie entiende porque nos explicamos mal. Para eso sirve el estilo.
El estilo es la forma que adopta el lenguaje escrito en un texto, o sea, el modo en que construimos una frase. Es imprescindible, en líneas generales, seguir unas pautas para que el texto sea comprensible por el lector común. No basta con plasmar nuestras ideas tal cual las pensamos, porque para nosotros, que las hemos razonado en nuestra cabeza, estará claro lo que queremos comunicar, pero no para alguien ajeno a nuestra mente.
Para resultar más ilustrativo enumeraré a continuación algunos consejos básicos para redactar cualquier texto con corrección:
-Frases sencillas y breves (relativamente). No construyamos largos parlamentos donde no vemos ni un punto en todo el párrafo.
-Utiliza los sinónimos y evita repeticiones. Nuestra lengua es muy rica, no usemos siempre las mismas palabras. Amplia tu vocabulario leyendo mucho.
-Sin embargo, evitemos vocablos demasiado rebuscados, tecnicismos incomprensibles o palabras exóticas que tengan una alternativa más conocida para el lector.
-La escritura es economía de palabras, así que evitemos el abuso de elementos innecesarios. Si tenemos bastante con un adjetivo para describir un sustantivo, no utilicemos dos. Del mismo modo, los adverbios (sobre todo los acabados en “-mente”) son el terror de los correctores de estilo.
-Sigamos un orden de construcción de frases lógico y lineal, y evitemos ser caóticos. Respetemos el orden sintáctico (sujeto, verbo, complemento) y coloquemos cada elemento en su lugar adecuado (los adverbios junto al verbo, los adjetivos al lado del sustantivo, etc…). Un método que yo utilizaba en mis inicios era releer en voz alta la frase, atendiendo a la naturalidad de la construcción. Si algo no cuadra, si te ves obligado a repetir la frase para entenderla, es que no la hemos escrito bien.
-Tratemos de no cortar las frases mediante incisos y paréntesis. Estos deben aplicarse al final de la oración, para no entorpecer la lectura.
-No incluyamos comentarios, incisos o referencias que no tengan nada que ver con lo que pretendemos transmitir. Ciñámonos a la idea a comunicar.
-En virtud de la cohesión, tratemos de ligar la idea final de una frase con la inicial de la siguiente. No son aconsejables las transiciones bruscas entre distintos párrafos.
-Tengamos en cuenta el tono del texto. No podemos escribir del mismo modo si nos dirigimos a niños que a adultos, a un desconocido o a un amigo.
-El escritor piensa despacio para poder escribir deprisa. No te pongas a escribir sin reflexionar antes sobre lo que quieres plasmar (y cómo).
Todas estas son nociones muy elementales que deben interiorizarse de dos maneras: mediante la práctica, escribiendo mucho; y a través de la experiencia lectora, o sea, leyendo y fijándose en cómo redactan los buenos escritores del ámbito que queremos dominar (literario, periodístico, educativo, etc…)
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Javier Pellicer es autor de las novelas «El espíritu del lince» y «Legados».Si quieres saber más de él, puedes seguirlo en Facebook, Twitter, su blog Tierra de Bardos y su página web personal. http://tierradebardos.blogspot.com.es/ |
