Qué duda cabe de que estos últimos años hemos oído hablar más que nunca de emprendimiento, de innovación, creación de empresa y demás. Pero lo cierto es que a pesar de que a muchos todo esto nos pudiera venir como algo nuevo, el emprendimiento en sí es algo tan antiguo como el propio trabajo.

Por ello, con la irrupción de la crisis sobre nuestras vidas, la documentación referente a emprendimiento se ha ido multiplicando y extendiendo como la espuma, máxime en tanto en cuánto esta crisis coincide con el imparable desarrollo de los recursos 2.0.

Con todo esto, la red se inunda de consejos, decálogos, entradas de blogs (como ésta), gurús del emprendimiento y recetas mágicas para llevar a cabo aquella idea en la que creemos y por la que pensamos que merece la pena luchar. Con tanta cantidad de documentación, y tantos expertos en la materia, el emprendedor de a pie lo que necesita, más que una hoja de ruta, es buen filtro que nos permita realmente tomar aquellos consejos y saber desechar e identificar el humo del que va cargado muchas veces el mensaje que algunos nos pretenden transmitir. Este filtro puede ser el pensamiento crítico.

El pensamiento crítico nos permite valorar por nosotros mismos, formarnos una opinión fundamentada personal e intransferible de lo que nos rodea, y con el que vamos realizando nuestro día a día. Aplicado al mundo del emprendimiento, antes de empezar a dar palos de ciegos sobre el abismo al que se enfrenta un emprendedor, cabe valorar todas las alternativas posibles y discernir si es factible que un sistema o modelo de negocio que ha funcionado a otros va a ser igual de exitoso en nuestro caso. Del mismo modo, no debemos caer en los tópicos. Por ejemplo, hoy en día tendemos a pensar que la innovación está en la tecnología. Para el emprendedor, esta debe ser una herramienta, pero nunca un fin. Será la innovación tecnológica la que se encargue de avanzar en este campo.

Solemos pensar también que podemos innovar o generar ideas con la simple adaptación de un trabajo tradicional a un entorno 2.0, pero no siempre es así. Hay que valorar otras salidas quitándonos las anteojeras que el entorno nos han ido poniendo y que en algunos casos pueden ser muy positivas, pero en otros más bien destructivas y cierran el camino a opciones tradicionales que aún no han sido explotadas.

Oímos hablar mucho de la importancia de desarrollar talentos, de hacer lo que nos gusta, de lanzarnos al vacío con nuestro ideal de vida con el que soñamos y emprender el maravilloso viaje de la felicidad hacia el país de la piruleta. Este discurso está muy bien en el entorno de hace cuarenta años, en el que dábamos por sentado que nuestro futuro estaba como mano de obra en alguna gran empresa, que nos daría de comer y en la que envejeceríamos. Pero hoy en día este discurso está obsoleto, es humo, a mi parecer.

Por eso, tratándose este post de uno más de los millones que pululan por la red dando consejos en materia de emprendimiento, éste es el mío: sé crítico, cuestiona todo y no te creas lo que te cuenta el “gurú” de turno, valora todas las opciones y siéntete libre cuando decidas.

 

rafavillarraso

Soy Arquitecto Técnico de TecniAT , donde realizamos principalmente licencias de aperturas de negocios, certificados de eficiencia energética y estudios de licitación.

A parte de la arquitectura y el diseño me encanta cualquier otra actividad creativa como tocar la guitarra, escribir o dibujar.