Últimamente la palabra “emprendedor” sale en todos los periódicos, noticiarios, congresos, propuestas de ley. Salen emprendedores hasta de debajo de las piedras.
Piensa en un emprendedor. ¿Qué ves? La mayoría pensará en un chico joven, de veintitantos o como mucho treinta y pocos, con un aspecto de joven rebelde. Ahí están, los Marck Zuckerberg, Steve Jobs o Bill Gates que dan el pelotazo saliendo de un garaje.
¡Señores, esto no es America! ¿Por qué no una chica? ¿Por qué no alguien de más edad?
Como emprendedora que soy, me da la risa tonta ante esos estereotipos de joven desaliñado, con perilla, una idea-proyecto de 10€ y una web en construcción gracias a la cual consigue un millón de euros de beneficios en un santiamén.
Todo eso es pasado. Ya no se vende humo. El emprendedor profesional ha pasado a la historia. Ahora tienes que desarrollar tu proyecto, al menos una mínima parte, y estar implicado al 100% porque si tú no te metes en tu proyecto con todas las consecuencias, ¿quién crees que lo va a hacer?
Las dificultades que se encuentra una mujer hace que el número de emprendedoras sea menor. Pero este dato está cambiando a pasos agigantados. Las mujeres nos estamos formando, ocupamos las universidades y nuestras familias nos dan las mismas oportunidades que a los hombres. Sabemos organizarnos tan bien (somos multitarea) que lanzarse a emprender es simplemente un paso más, un proyecto más dentro de una vida ya organizada. ¡Chicas, el mundo espera que deis el salto!
Tengo 51 años. Soy mujer. Llevo el emprendurismo en la sangre aunque pensaba que con los años se me pasaría. Pero ha sido justamente al revés: con la experiencia acumulada, cada vez veo más oportunidades, más conexiones, más sinergias. Veo todo un mundo por descubrir, miles y miles de proyectos por desarrollar. Veo con absoluta claridad que el futuro es de los emprendedores.
Si alguien no lo remedia, me veo emprendiendo algún proyecto en la residencia, cuando tenga 80 años. Tal vez, quien sabe, intentando mejorar la silla de ruedas que me han dado (¡que alguien las mejore antes, por favor!)
En resumen, no existe una edad ideal para emprender. Lo esencial es tener coraje, creer en uno mismo, trabajar hasta la extenuación y no parar hasta llegar a la meta.
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Empar Fayos
Soy la otra mitad de Viscoform, de risa fácil, solo creo en el la AMISTAD así con mayúsculas, el resto no me interesa.
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