La decepción en el trabajo en equipo

No es la primera vez que escribimos sobre lo que significa el apoyo entre los propios emprendedores para que podamos, entre todos, hacernos un hueco en el campo en el que buenamente pensamos que podemos aportar algo.

Pero además, existen proyectos que se llevan a cabo entre varias personas, donde, colaborativamente, se aportan ideas, propuestas y sobretodo, trabajo. Pero ¿qué ocurre cuando un proyecto en donde se habían vertido ilusiones y esperanzas de varias personas acaba por convertirse en trabajo para una sola persona? Pues que, al igual que ocurre con las sinergias que se crean, en las que uno más uno es igual a tres, sucede que todo el peso que recae sobre aquel que decidió soportarlo, sin más ayuda que sus propios principios e ideas, se multiplica por diez.

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Sentirse solo en el camino es algo realmente triste, y probablemente será la razón por la que se dé jaque mate al proyecto que, meses atrás, suponía un paso más allá en las vidas de las personas que componían el equipo y que, por diversas razones, decidieron a mitad del camino, y sin previo aviso, abandonar a su suerte un proyecto que se suponía nacido para triunfar.

Este es uno de los extremos a tener en cuenta al iniciar cualquier aventura en equipo. No es ninguna dramatización, es una realidad que se da probablemente en más ocasiones que las “otras realidades” que gustamos escuchar, de casos ejemplares de éxito.

¿Por qué se acaba el compromiso? ¿Qué propicia el total desentendimiento de una actividad que podría haber sido el principio de algo único? Entiendo que hay varias razones, pero creo que entre ellas hay una que es primordial y que, aunque suene a algo místico, es la que yo tengo como cierta, y que no es otra que la fe en el proyecto. La fe lo es todo, porque es el caldo de cultivo de la esperanza, y como bien se dice de ella, la esperanza es lo último que se pierde, o sea que, sin fe no hay esperanza y por tanto, ya está todo perdido.

Pero al fin y al cabo, la fe no es otra cosa que creer, creer sin pruebas fehacientes y contundentes en algo. Esto es lo que mueve aquellos grandes proyectos que a simple vista no parece que vayan a reportar ningún beneficio directo sobre sus creadores. Son los proyectos que más sorprenden y que probablemente llegarán más lejos.

Así que antes de emprender una aventura en equipo, ten claro que vas a pelear por el proyecto porque crees en ello. Si no lo ves claro, no lo hagas, porque te convertirás en el pesado laste de aquél que sí alberga la fe necesaria para hacerlo crecer.

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